"QUERIDO JULIO..." ¿O DEBERÍA ESCRIBIR "GUAU, JULIO"?

Para mi marido, que no quería un perro y ahora no se separa nunca de Frida

Julio es mi marido, además del padre de nuestros dos hijos. Frida es nuestra pequeña caniche rompecorazones. Y, hasta aquí, ningún problema. Lo que funciona un poco peor es lo que está sucediendo entre ellos, o quizás sólo a Julio. Él que se oponía tanto a tener un animal en casa, desde hace algunos meses (Frida llegó hace casi un año) la lleva siempre de paseo, le prepara la comida, la cepilla los fines de semana…

Pero me preocupa desde que, el sábado por la mañana, al volver del supermercado, me encontré a Julio y a Frida en la cocina desayunando juntos, en el sentido de que ella también estaba sentada a la mesa con un cuenco de croquetas delante, y él, sorbiendo su café, le hablaba amorosamente. Al principio me dio la risa. Después, les miré sorprendida y Julio mostró una cierta vergüenza. Rápido examen de conciencia: ¿puede ser que sienta que lo descuido un poco? ¿Que sufra el síndrome del nido vacío por los hijos mayores que van y vienen casi sin dignarse a mirarlo? He decidido que le escribo. Si hablo con él es capaz de decir que estoy celosa de un perro... ¡Después de casi 30 años lo conozco muy bien! Así que he cogido papel y boli.

"Querido Julio, o quizás debería escribir "Guau, Julio":
Entiendo que no hayas podido evitar enamorarte de Frida, como todos nosotros, ¿pero no te parece que exageras un poco? Desde hace algún tiempo me parece que, en tus momentos libres, tu único interés es esa bola de pelo que corre hacia ti moviendo la cola cuando vuelves a casa. Igual yo también debería mover la cola... Me siento un poco culpable, tienes razón. A veces te doy demasiado por sentado.
Y los niños (¡aunque son así también conmigo!) no son muy cariñosos, considerando sus grandes compromisos…
Si quieres podemos hablar un poco todos juntos y, quizás, encontrar un dogsitter que se ocupe de Frida un par de veces a la semana. Cuando quieras, sílbame. Con el amor de siempre,
Laura"

He puesto la carta bajo la almohada y, después de un par de días, mi marido me ha invitado a tomar algo. ¡Estaba todo sonriente y de buen humor! Tomando una copa, sin hacer referencia a mis palabras, me ha dicho que deberíamos pasar más tiempo juntos, sobre todo los fines de semana.
¿La solución? ¡Otro perro! Así Frida tiene compañía cuando estamos trabajando, mientras que los fines de semana nos ocupamos nosotros de los dos peludos: ¡él y yo! ¿Estaré soñando?
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