¡MADELEINE ALBRIGHT, QUÉ MUJER!

¡MADELEINE ALBRIGHT, QUÉ MUJER!

También sus broches han hecho historia

He tenido la suerte de ver en Nueva York toda la colección de broches de Madeleine Albright en una exposición. En sí, la idea de coleccionar broches no es original, pero usarlos para lanzar mensajes a otras personas, como Putin, por poner un ejemplo, eso sí que no está nada mal. Irreverente pero con clase, ¿no?

Veamos: la señora Albright no necesita presentaciones. Fue secretaria de Estado de los Estados Unidos durante la segunda legislatura de Bill Clinton (1997-2001), lo que la convirtió en la primera mujer en ocupar este cargo. ¡Tenía 60 años! Hasta aquí, chapeau. Pero quizá muchos no sepan que ella inventó la llamada «diplomacia de los broches».

Todo empezó en 1994. Como contó ella misma en una conferencia:

«Estaba en las Naciones Unidas como embajadora, después de la guerra del Golfo. El alto el fuego debía traducirse en una serie de sanciones. Como embajadora, había recibido instrucciones de decir cosas terribles sobre Saddam Hussein, cosa que se merecía… Había invadido Kuwait. Y de un día para otro, en los periódicos de Bagdad apareció un poema sobre mí que me comparaba con muchas cosas, como "una serpiente sin igual". Yo tenía un broche con forma de serpiente. Así que me lo puse en el siguiente encuentro sobre Iraq. Cuando la prensa me preguntó: "¿Por qué lleva un broche con una serpiente?" Yo respondí: "Porque Saddam Hussein me ha comparado con una serpiente sin igual"».

A Madeleine Albright le pareció que la idea podía ser divertida. Así, empezó a comprar broches de todo tipo y los usó en todo tipo de ocasiones para expresar estados de ánimo y opiniones, durante toda su carrera diplomática.

En los días buenos, lucía broches de flores, mariposas y globos. En los malos, todo tipo de insectos y animales carnívoros. «Los consideraba una forma más para expresar lo que decía con palabras, una forma visual para enviar un mensaje».

Por ejemplo, se puso un broche en forma de flecha que parecía un misil y cuando, durante una negociación con los rusos sobre el Tratado de Misiles Antibalísticos, el ministro de Asuntos Exteriores ruso le preguntó: «¿Lleva puesto uno de los interceptores de misiles de su país?», ella respondió: «Sí, los hacemos muy pequeños, ¡negociemos!».

Y más tarde, cuando se descubrió que los rusos habían implantado micrófonos ocultos en una sala de conferencias cerca de su oficina, en la siguiente reunión con los rusos Madeleine Albright se puso un broche precisamente en forma de chinche (en inglés el micrófono oculto se conoce como bug, palabra que significa también «chinche»). «Captaron el mensaje», comenta ella misma en una entrevista.

Según esta excepcional mujer, la comunicación no verbal sirve para romper el hielo. Y, sin duda, «pica» a sus interlocutores. En cualquier caso, estoy de acuerdo con una cosa que ha dicho: el sentido del humor ayuda a afrontar temas candentes. Lo compruebo cada vez que tengo una discusión en familia. De hecho, cuando se le ha preguntado sobre el significado de esta colección, Madeleine Albright ha respondido: «Espero que diga de mí que tengo sentido del humor». En mi opinión, sí que lo tiene y mucho.

Durante las conversaciones con Siria e Israel, muy complicadas, los periodistas querían saber qué estaba pasando. Madeleine Albright les dijo: «A veces los debates, como las setas, salen mejor en la oscuridad». Desde entonces, cada vez que la prensa le preguntaba qué ocurría, solo tenía que decir: «setas, setas». Más tarde, cuando encontró un broche con forma de seta, solo tenía que ponérselo para lanzar el mensaje.

En cualquier caso, su colección es muy amplia y se expone con frecuencia en distintos lugares de Estados Unidos. Esperemos que llegue también a nuestro país. Por cierto, la ex secretaria de Estado ha escrito un libro titulado Lee mis broches. El título ya promete.

Algunos de los broches proceden de anticuarios y otros los ha comprado en puestos de baratijas, porque a Madeleine le gusta ir de compras a los mercadillos y a las tiendas de recuerdos. Así que algunos son valiosos y otros, no. Al parecer, no es una esnob. Por ejemplo, cuando cumplió 65 años, le regalaron 65 chapas, que costaban menos de cinco dólares.

Pero se dice que su preferido es un broche que hizo su hija cuando tenía cinco años. Es un corazón. Se lo pone siempre por San Valentín. Cuando este broche se presta para alguna exposición, se pone otro en forma de dos corazones, que ha hecho su nieta, y lo llama «broche de repuesto».

Esto es lo que caracteriza el estilo de Madeleine: a veces cortante y otras veces, cariñosa. Sin embargo, parece que una vez uno de estos broches la metió en apuros.

Estaba en Rusia, en una cumbre con el presidente Clinton. (Más o menos, como cuando yo voy a una reunión de la comunidad con mi marido). Madeleine Albright llevaba un broche con el símbolo de los tres monos «no veo, no oigo y no hablo», porque los rusos no iban a hablar claramente de lo que estaba pasando en el conflicto de Chechenia. El presidente Putin le preguntó por qué llevaba el broche de los tres monos y ella respondió: «Por su política en Chechenia». A él no le hizo ninguna gracia. «Probablemente, me había pasado», comentó Madeleine.

Pero ¡no me digáis que no es genial! Es casi como para copiarlo. A ver, ¿qué me pongo en la próxima reunión de la comunidad? ¿Un broche en forma de bala de cañón?

Aprovecho el artículo para felicitar a la señora Madeleine Albright por su cumpleaños. Porque nació el 15 de mayo de 1937 (¡tiene la edad de mi madre!).
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